
Según la niña
Wilma González fue creciendo, sus células adquirieron predisposición hacia el germen del nomadismo. Lo fue incubando desde bien pequeña, cuando la familia González al completo se iba trasladando de ciudad en ciudad casi al ritmo de las estaciones. Primero fue Palma de Mallorca, donde nació hace 25 años, y luego Australia, Madrid y Monóvar (Alicante). Todo mientras el tiempo le delineaba las curvas.
Cuando se le acentuaron del todo, allá por los 21,
Wilma González tomó la decisión de navegar sola y lo hizo a lo largo y ancho de la perenne noche madrileña y a lo alto y lo bajo de la blanca noche ibicenca, donde un buen día, mientras bailaba, conoció a un chico chileno que se convirtió en un punto de inflexión vital. Y profesional.
Con él cruzó el Atlántico a los pocos meses y junto a él ganó el concurso chica Reef (a la mejor colita, es decir, al mejor trasero), que le sirvió para conseguir trabajos de modelo y presentadora de televisión en el país andino.
Un año más tarde, ya de vuelta a la madre patria,
Wilma González se tropezó con el éxito inesperado de convertirse en Miss Playboy España 2007 , o lo que es lo mismo, en la representante ibérica de la industria erótica por excelencia. Como tal, conoce bien las famosas fiestas de la Mansión de Hugh Hefner y aunque, según ella misma ha explicado, no llegó a instalarse, sabe de primera mano que el magnate convive con más de 20 chicas (sin contar a sus tres novias oficiales), una de ellas encargada de los tours turísticos por las habitaciones, la piscina y el zoo privado.
Wilma González ha protagonizado diversas campañas publicitarias para marcas de belleza, ropa y lencería y también ha hecho sus pinitos como presentadora en los programas Diamond Profiles y El mundo de Playboy, de la cadena Playboy TV.
Aunque
Wilma González ha hecho cine erótico para la multinacional, afirma también que se ve incapaz de algo más intenso ya que, confiesa, "no podría soportar que me penetraran ante las cámaras. Me quedaría rígida".
Así todo, los que la conocen dicen que
Wilma González no tiene mayores reparos en lo que se refiere a ir a por lo que quiere, sobre todo referente a los hombres. Ni el romanticismo ni los rodeos son una de sus prioridades. Y un aviso más para navegantes y nómadas: "Me gustan los hombres muy masculinos y valoro también que sean personas sencillas y capaces de hacerme reír. Sobre todo eso, hacerme reír".